La envidiable inflación de Francia es una bomba oculta para sus finanzas: no puede aprovecharse del mismo truco que España
20/02/2026 | Economía
*El IPC de Francia lleva meses bajo el 1% mientras en España ha rondado el 3%.
*Una mayor inflación contribuye a reducir los datos de déficit y deuda pública.
*'Engorda' el denominador del ratio deuda/PIB y aumenta la recaudación.
El elevado coste de la vida se está convirtiendo en un dolor de muelas para el día a día de los ciudadanos. Aunque los niveles generales de inflación se han estabilizado cerca del objetivo del 2% en el conjunto de la eurozona, los europeos de a pie siguen sufriendo las consecuencias de unos niveles de precios mucho más altos que hace pocos años. En ese contexto, se puede antojar envidiable el caso de Francia, donde los precios al consumo vienen reflejando últimamente lecturas ligeramente por encima del 0%. Una cesta de la compra que apenas suba puede suponer un cierto respiro con una gran carga psicológica positiva a la hora de abrir la cartera. Sin embargo, este benigno escenario de 'inexistente' inflación, que tampoco llega a la tan temida deflación, es una verdadera 'bomba' oculta para las muy comprometidas finanzas de la segunda mayor economía del bloque comunitario. Al contrario que su vecino, España, Francia no ha podido exprimir el alivio contable que brinda la inflación a efectos de deuda.
En Francia, la inflación medida por el índice de precios al consumo (IPC) se situó en el 0,3% interanual en enero, frente al 0,8% de diciembre, según los últimos datos del Insee, el instituto estadístico nacional galo. Según el índice armonizado para el cálculo del conjunto de la eurozona que hace Eurostat, alcanzó el 0,4%, frente al 0,7% del mes anterior. No se había observado un nivel tan bajo desde la pandemia, un periodo marcado por el colapso de la demanda vinculado a los confinamientos. Antes de eso, hay que remontarse a 2016 para encontrar unas lecturas tan bajas. Esta debilidad se explica principalmente por la fuerte caída de los precios de los productos manufacturados (-1,2% interanual), vinculada a un cambio en el calendario de las rebajas de temporada y a unos precios de la energía que reflejan sobre todo la reducción del 15% de las tarifas reguladas del gas decidida en febrero de 2025.
La situación francesa contrasta fuertemente con la del resto de la eurozona, donde la inflación alcanzó una media del 1,7% en enero según la estimación preliminar, y donde la inflación subyacente sigue siendo mucho más alta, del 2,3%. La comparación con su vecino inmediato, España, es reveladora: aquí, el IPC general marcó un 2,3% interanual en enero y el subyacente, un 2,6%. En la segunda mitad de 2025, el indicador general se mantuvo pegado al 3% y el subyacente, al 2,5%.
Se espera que la inflación aumente en Francia en los próximos meses, pero el cuadro variará poco en la comparativa con el resto del bloque. El pronóstico de una inflación promedio del 1,3% en 2026 de algunos analistas como los de ING ya se antoja optimista. Con una inflación cercana al 1% en Francia, seguirá estando muy por debajo de la de la eurozona, donde se espera una inflación promedio del 1,9%. En este contexto, están aflorando en Francia las críticas a la política monetaria del BCE, considerada inadecuada para la situación nacional. Con el tipo de interés de referencia (el de depósito) mantenido en el 2% durante varios meses, algunos sostienen que la economía francesa está siendo sometida a una política excesivamente restrictiva. En cualquier caso, las diferencias de inflación entre los Estados miembros son normales dentro de una unión monetaria y parece que de momento no obligarán al BCE a modificar su postura.
Por tanto, con una inflación 'atada' a un nivel tan por debajo del 'recomendable' 2%, la pregunta que cabe hacerse es: cuáles son esos riesgos ocultos. "La baja inflación en Francia no es intrínsecamente negativa para la economía. François Villeroy de Galhau (el recién dimitido gobernador del Banco de Francia) destaca con frecuencia que una inflación más moderada ha permitido que el crecimiento salarial en Francia se mantenga más moderado que en los países socios, impulsando así la competitividad. Desde finales de 2019, el aumento de los costes laborales unitarios en los sectores de mercado ha sido 10 puntos porcentuales inferior al de Alemania y seis puntos porcentuales inferior al de la eurozona. En teoría, esta mejora de la competitividad es una ventaja. Sin embargo, aún debe traducirse en un crecimiento más rápido", presenta Charlotte de Montpellier, economista sénior de ING, en un informe de esta semana en el que se apunta a las claras al gran peligro de esta 'muda' inflación: la deuda.
"A menudo se dice que la inflación es amiga del deudor. En el caso francés, su debilidad actúa como acelerador de las vulnerabilidades existentes", sintetiza en una línea la analista. Sale a relucir un dogma económico muy enunciado: la subida de la inflación (el precio cada vez mayor de algo) hace 'más pequeña' una deuda contraída con anterioridad. Dicho de otro modo, si se pidió dinero prestado antes de que los precios subieran, ese dinero que hay que devolver pierde valor en términos reales cuando la inflación sube.
En el caso de un Estado, la explicación es algo más compleja, al incluir preceptos impositivos y de contabilidad nacional, pero el sentido es el mismo. "Podríamos decir que al Estado le beneficia la inflación en la parte correspondiente a la deuda ya emitida. Porque pagar los intereses y el principal de los bonos emitidos es más sencillo (la inflación hace que el dinero valga menos, y aumenta automáticamente la recaudación de impuestos, como por ejemplo el IVA). Y además la inflación hace que crezca el dato del PIB nominal, por lo que la relación entre deuda y PIB (que sirve para comparar el nivel de deuda pública entre Estados) cae", explican desde el servicio de estudios de ING en un ya 'añejo' informe de 2022.
Esa formulación explica parte de la dinámica que ha mostrado España en la reducción de déficit y deuda públicos en los últimos tiempos. En medio de titulares de una recaudación tributaria récord, España ha visto cómo la mayor inflación ha impulsado los ingresos fiscales, ya que los impuestos sobre ventas (IVA), rentas y beneficios tienden a crecer cuando los precios y salarios suben nominalmente. Además, se ha hablado mucho del espinoso asunto de la 'progresividad en frío', que se da cuando no se deflactan los tipos del IRPF y se dejan igual. Explicado de una forma visual: a muchos asalariados se les ha subido el sueldo en concordancia con la inflación; su poder adquisitivo se ha mantenido; pero su carga fiscal ha aumentado al pasar de tramo en el IRPF.
Estos mayores ingresos fiscales ayudan a cerrar el déficit sin recortes tan severos en gasto (España lleva, además, sin unos Presupuestos Generales del Estado nuevos desde 2023) y las cifras así lo certifican. Se estima que el ejercicio 2025 se concluyó con un déficit del 2,5% del PIB, el mejor dato desde antes de la gran crisis financiera y todo un hito en la medida en que sería la primera vez en 20 años que España presentara un dato mejor que el de Alemania.
En el caso de la deuda pública, como se exponía antes, la inflación tiende a aumentar el denominador del ratio deuda/PIB, lo que reduce la proporción de deuda en relación con el tamaño de la economía incluso aunque la deuda nominal no caiga. Este efecto puede interpretarse como una reducción estadística de la deuda pública relativa si el PIB nominal sube más rápido que la deuda. En España, el lustroso crecimiento del PIB nominal, impulsado por el buen desempeño de la economía después de la pandemia, pero en parte también por la mayor inflación, ha contribuido a que el ratio de deuda haya caído hasta el 100,8% del PIB, su nivel más bajo desde la pandemia, según el dato preliminar avanzado esta semana por el Banco de España y que será definitivo en marzo.
En Francia, la inflación no ha podido ser un comodín así y eso se trasluce en parte en las cifras en rojo que tantos ríos de tinta generaron el año pasado según se sucedían los breves gobiernos en el país y los rendimientos de la deuda escalaban peligrosamente. El país galo cerró 2025 con un déficit del 5,4% del PIB tras el 5,8% de 2024 y con un objetivo para 2026 del 5%. Unas cifras muy superiores al 3% a partir del cual Bruselas activa el Procedimiento de Déficit Excesivo (el brazo correctivo) y auténtico precipicio por el que cayeron sucesivos gobiernos el año pasado ante la imposibilidad de aprobar una saneada senda fiscal y ante la desesperación de un presionado Emmanuel Macron. En la misma dinámica negativa, la deuda pública pasó del 115,7% del PIB en el segundo trimestre de 2025 al 117,4% del PIB entre julio y septiembre, último dato disponible.
Para este 2026, la inflación tampoco ofrecerá mucho 'maquillaje', opina De Montpellier desde ING: "Donde la baja inflación podría convertirse en un verdadero problema es en la dinámica de la deuda pública. Una inflación baja implica un crecimiento nominal débil. Si, como esperamos, el crecimiento real del PIB se sitúa en torno al 1% en 2026, con una inflación también cercana al 1%, el crecimiento nominal apenas alcanzaría el 2% (el deflactor del PIB es bastante similar a la inflación de los precios al consumo). Al mismo tiempo, según las últimas previsiones de la Comisión Europea, el tipo de interés implícito de la deuda pública francesa aumentaría hasta el 2,2% en 2026 y el 2,4% en 2027. En este contexto, el crecimiento nominal ya no es suficiente para compensar la carga de los intereses, e incluso en ausencia de déficit, el ratio deuda pública/PIB aumentaría mecánicamente (porque la deuda sobre el PIB es superior al 100%)".
Para el país vecino, esto es muy grave en la medida en que las finanzas públicas ya se encuentran en muy mal estado, como se refería antes. Con el presupuesto de 2026 previendo un déficit público del 5% del PIB, la deuda pública se elevaría automáticamente al 118,2% del PIB. Si este presupuesto de compromiso, sacado adelante por las cesiones en gasto del centrista primer ministro Sébastien Lecornu con los socialistas, no ha resuelto ninguno de los desequilibrios estructurales, el horizonte apunta a ser más intrincado. Con la proximidad de las elecciones presidenciales previstas para abril de 2027, se espera que los debates presupuestarios para el año que viene sean aún más delicados, lo que hace improbable una reducción duradera del déficit en los próximos años, barrunta De Montpellier.
En estas condiciones, "Francia corre el riesgo de permanecer atrapada de forma duradera en un régimen de alto déficit, mientras que la baja inflación mantiene el crecimiento nominal en un nivel insuficiente", alerta la economista de ING. "A falta de un impacto positivo importante en la productividad capaz de impulsar de forma sostenible el crecimiento real, el ratio de deuda pública seguirá deteriorándose rápidamente. Este deterioro será más pronunciado que en otros países europeos, como Bélgica, donde el déficit también es elevado, pero donde una inflación más dinámica proporciona un mayor apoyo al crecimiento nominal", cierra la experta. (elEconomista.es, 2026-02-20)
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