LosHechos

Noticias actualizadas, análisis profundos y la verdad de los hechos.

Ver las últimas noticias

Principales categorías

Internacional
Internacional

Últimas noticias del mundo, análisis profundos y actualizaciones constantes.

Ver Más
Economia
Economía

Cobertura económica confiable para que sigas los mercados y tendencias.

Ver Más
Tecnología
Tecnología

Innovaciones, gadgets y análisis del universo tecnológico.

Ver Más

Sobre LosHechos

LosHechos es su portal de noticias confiable, ofreciendo información actualizada, análisis profundos y reportajes de calidad. Nuestro objetivo es proporcionar contenido imparcial y relevante para lectores exigentes.

Saiba Mais
Menú

Dos décadas de 'sangría' de talento joven pasan una factura de bajos sueldos y falta de mano de obra

02/09/2026 | Economía

Dos décadas de 'sangría' de talento joven pasan una factura de bajos sueldos y falta de mano de obra
*La actividad laboral de los menores de 25 años se desploma 15 puntos desde 2008 y no se ha recuperado.

*El BCE alerta de que el recorte de la mano de obra disponible supone una amenaza para el crecimiento.

*Newsletter El empleo en la diana: Un caos estadístico.



Dieciocho años después de la quiebra de Lehman Brothers, considerada el pistoletazo de salida de la Gran Recesión, los jóvenes españoles aún arrastran una profunda cicatriz que les sigue alejando del mercado laboral: su tasa de actividad se mantiene estancada en niveles inferiores al 40%, 15 puntos porcentuales por debajo de los máximos previos a la crisis. Un dato que muchos valoran como consecuencia del descenso del abandono educativo temprano, pero que, según un reciente análisis publicado por el BCE, refleja un problema mucho más grave que ha recortado el volumen de mano de obra disponible, lastrado los salarios y amenaza el crecimiento de la economía.

Es innegable que la crisis financiera se cebó en los jóvenes tras los años del boom' económico propiciado por la entrada de España en el euro. Pero no solo porque su desempleo se disparara: esto también ocurrió en el resto de grupos de edad. Lo que fue una característica única de los menores de 25 fue el desplome de la tasa de actividad. Es decir, un ritmo de abandono del mercado laboral que no tuvo parangón en ningún otro colectivo.

Aunque España ya arrastraba problemas en el sector inmobiliario (en 2007 ya se hablaba del "pinchazo de la burbuja inmobiliaria"), estos no se habían traducido aún a los jóvenes. Pero en septiembre de 2008 todo cambió y lo hizo con una virulencia inusitada.


La presencia de los jóvenes en la población activa es especialmente sensible a un shock negativo como una recesión. Pero no se recupera cuando la economía mejora. Así, cayó del 55,2% en el tercer trimestre de 2008 a niveles del 36% en 2019, justo antes de la pandemia, con picos del 39,9% a las puertas del verano. En 2020 tocó un mínimo del 30,1%, lo que sumó doce años de descensos ininterrumpidos.

Desde entonces ha habido un retorno a la situación previa al COVID: en el segundo trimestre la tasa de actividad se situaba en el 39,1%, tras situarse en el 36,5% en el primero. ¿Estamos ante un cambio de tendencia? Pese a la mejoría del ciclo económico, solo se puede decir que la tasa de actividad ha frenado su caída, no que la haya revertido. En la práctica se mantiene estancada en las cifras de 2019 y muy por debajo de los niveles previos a la crisis.


¿Impacto en el paro?
Cuando hablamos de tasa de actividad la calculamos como la suma de los parados (que buscan trabajo) y ocupados dividida entre el total de la población en edad de trabajar. Y durante la Gran Recesión se mantuvo relativamente estable. Si excluimos a los mayores de 64 años incluso ha repuntado, pasando del 73% al 76%. Si los contamos, ha pasado del 60,2% al 59,3%.

Pero esta 'estabilidad' es engañosa: se explica porque ha habido un trasvase de activos entre los menores de 25 y los mayores de 55 años. Esto supone un desafío para muchos sectores que históricamente han recurrido a la mano de obra juvenil y se encuentran con que estos se quedan fuera del mercado laboral.

Que haya más jóvenes fuera de la población activa, paradójicamente, reduce el desempleo sin crear ocupados. Y esto arroja nueva luz sobre las estadísticas. La tasa de desempleados menores de 25 años se situó en el 23,4% en el segundo trimestre de 2026, frente al 23,6% del mismo periodo de 2008. Pero estos porcentajes no significan lo mismo hoy, con un porcentaje de jóvenes excluidos del cálculo que ronda el 61%, que hace 18 años, cuando se situaba en el 45%.

Esto significa que la holgura del mercado laboral de los jóvenes tiene hoy una diferencia mucho mayor con la tasa de paro que hace dos décadas. Por lo tanto, el descenso del paro juvenil debe ser acogido con cierta prudencia. Las tasas de desempleo mejoran, pero no solo por la creación de puestos de trabajo entre los menores de 25 años. El abandono de la población activa es un factor quizá igual de relevante.


El espejo europeo
¿Es negativo que los jóvenes retrasen su incorporación al mercado laboral? En los últimos años, el desplome de su caída de actividad se ha achacado al retroceso del abandono educativo que había propiciado la 'burbuja inmobiliaria'. Es decir, los jóvenes amplían su formación, lo cual es positivo para ellos y la economía. Pero esta tesis optimista encuentra una pega cuando acudimos a la comparativa europea.

Según los datos de Eurostat (que arrojan cifras de actividad algo menores que las que se extraen de la EPA), España es el tercer país donde más ha caído la tasa de actividad junior tras la crisis financiera, por detrás de Finlandia e Irlanda. Pero ambos siguen superando con creces los datos de nuestro país, con porcentajes que rondan el 49%.

Hemos pasado de superar con creces la media europea a situarnos claramente por debajo. Otras economías como Alemania (52%), Dinamarca (70%) han recuperado los niveles de 2008 y otras como Países Bajos los han incrementado, pasando del 71% al 82%. Y hablamos de economías con las tasas de paro más bajas de la UE, lo que implica que esta activación de los jóvenes responde a mejores oportunidades laborales.

Bajo este prisma, retomemos la pregunta: ¿es negativo que caiga la participación de los jóvenes en el mercado laboral? En el caso de España, es algo que nos aleja de las economías con un comportamiento más sólido del empleo. Aquí entra en juego un estudio publicado por el BCE y firmado por Corinne Petrakis y David Sondermann bajo el título "Oculto en el agregado: la ciclicidad de la participación en la fuerza laboral en la UE".

El trabajo analiza, a partir de microdatos de la Encuesta de Fuerza Laboral (el equivalente a la EPA de Eurostat), el fenómeno que ya hemos visto en España: los diferentes colectivos se comportan de manera muy diferente durante una crisis, aunque los niveles globales de actividad se mantienen. Y entre sus hallazgos, incide en que el grupo de edad más afectado por la crisis fueron los jóvenes.

Pero no solo por el golpe inicial en términos de desempleo: la expulsión del mercado laboral se sigue produciendo durante una media de ocho años. Más del doble que el resto de trabajadores. El estudio no analiza pormenorizadamente el caso de España, donde, como hemos visto, este descenso se prolongó durante doce años y la sangría de talento sigue sin cortarse.


La erosión del talento
Los jóvenes tienen muchos menos incentivos que otros grupos para mantenerse alejados del mercado laboral, lo que la literatura económica denomina 'efecto cicatriz' y que lastra las perspectivas de toda una generación.

Petrakis y Sonderman inciden en que los periodos de inactividad y desempleo durante la juventud "erosionan el capital humano, debilitan las redes de contactos profesionales y dañan los procesos de emparejamiento laboral". Esto debilita la posición de los jóvenes incluso cuando encuentran trabajo: al contar con un "menor capital de búsqueda de empleo" y menor experiencia acumulada, el mercado laboral tiende a prescindir de los jóvenes primero cuando la demanda agregada se contrae.

Además, aquellos que logran un empleo durante una recesión "sufren penalizaciones salariales de largo plazo que duran hasta una década", un castigo que se concentra especialmente en las personas con menores niveles educativos.

En otras palabras, los problemas no solo afectan a los jóvenes mientras son jóvenes. El estudio señala que el aprendizaje durante los primeros años es clave para la revalorización del capital humano. Cuando en esa "etapa crítica" se atraviesan momentos prolongados de desempleo o inactividad, esta acumulación de habilidades técnicas y profesionales se degrada. Como consecuencia, la productividad potencial de estos trabajadores se deteriora de manera irreversible durante toda su carrera profesional.

Por ello, el estudio lanza una seria advertencia: la desconexión de los jóvenes del empleo deteriora la capacidad productiva de todo un país. Y lo hace por tres vías.

En primer lugar, reduce la oferta de trabajadores, lo que debilita el volumen de mano de obra disponible a medio y largo plazo. Es algo que en España ya empieza a percibirse en muchos sectores. Desde el BCE se advierte de que este problema también limita el crecimiento del PIB potencial de las regiones afectadas.

Esta pérdida de cotizantes reduce la base impositiva del Estado, eleva el gasto en bienestar social. Pero también altera estructuralmente la NAIRU (la tasa de desempleo no aceleradora de la inflación) porque, como hemos visto, esas personas desaparecen de las estadísticas de población activa. Con ello se dificulta el diseño de la política monetaria.

El análisis concede que, ante las oportunidades en el mercado formal, muchos jóvenes optan por retirarse temporalmente de la fuerza laboral para continuar o retomar sus estudios, un 'refugio' que incrementa sus capacidades a largo plazo. Pero esto no resuelve los problemas de desconexión del mercado laboral.

Por ello, el estudio propone una apuesta por políticas que implanten formación dual "de calidad" que evite que una "pérdida de empleo temporal" se convierta en una salida permanente del mercado de trabajo. Junto a ello, aboga por impulsar programas de formación profesional adaptados y subsidios directos a la contratación. (elEconomista, 2026-09-02)
Volver